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Parroquia San Fernando Retiro Emaus 2019 Event FB

Retiro Emaús Encuentro con la Palabra 19, 20 y 21 Nov 2019

Ven a caminar con Jesús a través de las Sagradas Escrituras

Retiro de Emaús

Parroquia-San-Fernando-Zona-Esmeralda-Sagrado-Corazon-de-Jesus

Martes 19, Miércoles 20 y Jueves 21 de Noviembre

Inscripciones en la Oficina Parroquial

Lugar: Capilla de la Divina Misericordia

Dos Horarios: Por la mañana 10 am a 12:30 pm y por la noche de 19:30 a 22 hrs

Capilla Zona Esmeralda 1

Programa de Trabajo

PRESENTACIÓN.
Deut. 30, 11-14 Este mandamiento que yo te doy no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, para que puedas decir: “¿Quién subirá al cielo y nos lo traerá? Entonces escucharemos y lo pondremos en práctica”. Tampoco está al otro lado del mar, para que tengas que decir: “¿Quién pasará hasta el otro lado y nos lo traerá? Entonces escucharemos y lo pondremos en práctica”. Todo lo contrario, mi palabra ha llegado bien cerca de ti; ya la tienes en la boca y la sabes de memoria, y sólo hace falta ponerla en práctica.
Ne 8, 5-12 Esdras dominaba a todo el mundo; abrió el libro ante todo el pueblo, y cuando lo abrió, todos se pusieron de pie. Entonces Esdras bendijo a Yavé, el Gran Dios, y todo el pueblo respondió con las manos en alto: “¡Amén! ¡Amén! Luego se inclinaron y se postraron delante de Yavé con el rostro en tierra. Josué, Bani, Serebías, Yamín, Acub, Sabtay, Hodias, Maaseías, Quelita, Azarías, Yozabad, Janán y Pelaías, que eran levitas, explicaban la Ley al pueblo, mientras éste permanecía de pie. Esdras leyó el libro de la Ley de Dios, e iba traduciendo y explicando el sentido para que comprendieran la lectura.
En esa ocasión, su excelencia Nehemías y el sacerdote escriba Esdras, junto con los levitas que instruían al pueblo, le dijeron a éste: “¡Este es un día santo para Yavé, nuestro Dios! ¡No estén tristes! ¡No lloren!” pues todo el pueblo estaba llorando mientras oía las palabras de la Ley. Le dijeron además: “¡Vayan y coman buena carne y tomen bebida agradable, pero guarden una parte para el que nada tiene preparado y llévensela, porque hoy es un día santo para nuestro Señor!”
Los levitas consolaban al pueblo diciéndole: “¡Que no se oigan estos lamentos! ¡Este es un día santo, no lloren más!” Y todo el pueblo se dispersó para comer, beber, compartir y dar rienda suelta a su alegría, porque habían entendido las palabras que se les había enseñado.

Jn 12, 48-50 El que me rechaza y no recibe mi palabra ya tiene quien lo juzgue: la misma palabra que yo he hablado lo condenará el último día.
Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre, al enviarme, me ha mandado lo que debo decir y cómo lo debo decir. Yo sé que su mandato es vida eterna, y yo entrego mi mensaje tal como me lo mandó el Padre”.

CAMINO DE EMAÚS.

Lc. 24, 13-24 Aquel mismo día dos discípulos se dirigían a un pueblecito llamado Emaús, que está a unos doce kilómetros de Jerusalén, e iban conversando sobre todo lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos, pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
Él les dijo: “¿De qué van discutiendo por el camino?” Se detuvieron, y parecían muy desanimados.
Uno de ellos llamado Cleofás, le contestó: “’¿Cómo? ¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no está enterado de lo que ha pasado aquí estos días?”. “¿Qué paso?”, les preguntó. Le contestaron: “¡Todo el asunto de Jesús Nazareno!”
Era un profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por todo el pueblo. Pero nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. Nosotros pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel. Sea lo que sea, ya van dos días desde que sucedieron estas cosas.
En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos han inquietado, pues fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron hablando de una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”.

Lc 24, 25-35 Entonces él les dijo: “¡Qué poco entienden ustedes y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?”. Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas.
Al llegar cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante, pero ellos le insistieron diciendo: “Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día”. Entró, pues, para quedarse con ellos.
Y mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció. Entonces se dijeron el uno al otro: “¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”.
De inmediato se levantaron y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo. Estos les dijeron: “Es verdad: el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón”. Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

SIETE IMÁGENES DE LA PALABRA.

Sal 119, 105 Para mis pasos tu palabra es una lámpara, una luz en mi sendero.

Jer 20, 9 Por eso, decidí no recordar más a Yavé, ni hablar más en su nombre, pero sentía en mí algo así como un fuego ardiente aprisionado en mis huesos, y aunque yo trataba de apagarlo, no podía.

Jn 15, 3 Ustedes ya están limpios gracias a la palabra que les he anunciado.

Jn 8, 12 Jesús les habló de nuevo diciendo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y vida”.

Sal 27 El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién he de temer?
Amparo de mi vida es el Señor,
¿ante quién temblaré?

    Cuando los malvados se lanzan contra mí
    Para comer mi carne,
    Ellos, mis enemigos y contrarios,
    Tropiezan y perecen.

    Si me sitia un ejército contrario,
    Mi corazón no teme;
    Si una guerra estalla contra mí,
    Aún tendré confianza.

    Una cosa al Señor sólo le pido,
    La cosa que yo busco
    Es habitar en la casa del Señor
    Mientras dure mi vida,
    Para gozar de la dulzura del Señor
    Y cuidar de su santuario.

    Porque él me dará asilo en su cabaña
    En tiempos de desdicha,
    Me ocultará en el secreto de su tienda,
    Y me alzará sobre la roca.

    Y ahora mi cabeza se levanta
    Sobre mis enemigos que me cercan.
    Jubiloso en su carpa ofreceré
    Sacrificios con aclamaciones,
    Quiero cantar, tocar para el Señor.

    Señor, oye la voz con que a ti clamo,
    Escucha, por piedad.
    Mi corazón de ti me habla diciendo:
    “Procura ver su faz”.
    Es tu rostro, Señor, lo que yo busco,
    No me escondas tu cara.

    Con enojo a tu siervo no rechaces;
    Eres tú mi defensa,
    ¡no me abandones, no me dejes solo,
    Mi Dios y Salvador!

    Si me abandonaran mi padre y mi madre,
    Me acogería el Señor.

    Enséñame, Señor, tus caminos,
    Y guíame por el sendero llano.
    Líbrame del afán de mis contrarios,
    Pues contra mí se levantan falsos testigos
    Que lanzan amenazas.

    La bondad del Señor espero ver
    En la tierra de los vivientes.
    Confía en el Señor, ¡ánimo, arriba!,
    Espera en el Señor.

Ef 6, 17b Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, la Palabra de Dios.

Heb 4, 12 En efecto, la Palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, las articulaciones y los tuétanos, haciendo un discernimiento de los deseos y los pensamientos más íntimos.
Hech 16, 14 Una de ellas se llamaba Lidia, y era de las que temen a Dios. Era vendedora de púrpura y natural de la ciudad de Tiatira. Mientras nos escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que aceptase las palabras de Pablo.

Jn 2, 25 Porque él conocía lo que había en la persona.

Jn 6, 60-69 Al escucharlo, cierto número de discípulos de Jesús dijeron: “¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?”.
Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les dijo: “¿Les desconcierta lo que he dicho? ¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del Hombre subir al lugar donde estaba antes? El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen”.
Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. Y agregó: “Como he dicho antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre”.
A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. Jesús preguntó a los Doce: “¿Quieren marcharse también ustedes?” Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

Jer 23, 29 ¿No es mi palabra como fuego que quema o como martillo que rompe la roca?

Jer 1, 10 En este día te encargo los pueblos y las naciones: Arrancarás y derribarás, perderás y destruirás, edificarás y plantarás”.

2Cor 10, 4 Nuestras armas no son las humanas, sino que tienen la fuerza de Dios para destruir fortalezas: todos esos argumentos y esa soberbia que se oponen al conocimiento de Dios.

Mt 23, 1-7 Entonces Jesús habló tanto para el pueblo como para sus discípulos:
“Los maestros de la Ley y los fariseos han ocupado el puesto que dejó Moisés. Hagan y cumplan todo lo que ellos dicen, pero no los imiten, porque ellos enseñan y no practican. Preparan pesadas cargas, muy difíciles de llevar, y las echan sobre las espaldas de la gente, pero ellos ni siquiera levantan un dedo para moverlas. Todo lo hacen para ser vistos por los hombres. Miren esas largas citas de la Ley que llevan en la frente y los largos flecos de su manto. Les gusta ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos reservados en las sinagogas. Les agrada que los saluden en las plazas y que la gente los llame Maestro.

Is 55, 10-11 Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y haberla hecho germinar, para que dé la simiente para sembrar y el pan para comer, así será la palabra que salga de mi boca. No volverá a mi con las manos vacías sino después de haber hecho lo que yo quería, y haber llevado a cabo lo que le encargué.

Jn 7, 37-38 El último día de la fiesta, que era el más solemne, Jesús, puesto en pie, exclamó con voz potente: “El que tenga sed, que venga a mí. Pues el que cree en mí tendrá de beber. Lo dice la Escritura: De sus entrañas saldrán ríos de agua viva”.

Jn 19, 34 Sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua.

Jn 4, 15 La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré que volver aquí a sacar agua”.
Sal 42 Como anhela la cierva estar junto al arroyo,
Así mi alma desea, Señor, estar contigo.

    Sediento estoy de Dios, del Dios de vida;
    ¿cuándo iré a contemplar el rostro del Señor?
    Lágrimas son mi pan de noche y día,
    Cuando oigo lo que me dicen sin cesar:
    “¿Dónde quedó su Dios?”

    Es un desahogo para mi alma,
    Acordarme de aquel tiempo,
    En que iba con los nobles
    Hasta la casa de Dios,
    Entre vivas y cantos de la turba feliz.

    ¿Qué te abate, alma mía
    Por qué gimes en mí?
    Pon tu confianza en Dios
    Que aún le cantaré a mi Dios Salvador.

    Mi alma está deprimida,
    Por eso te recuerdo
    Desde el Jordán y el Hermón
    A ti, humilde colina.
    El eco de tus cascadas
    Resuena en los abismos,
    Tus torrentes y tus olas
    Han pasado sobre mí.

    Quiera Dios dar su gracia de día,
    Y de noche a solas le cantaré,
    Oraré al Dios de mi vida.

    A Dios, mi Roca, le hablo:
    ¿Por qué me has olvidado?
    ¿Por qué debo andar triste,
    Bajo la opresión del enemigo?

    Mis adversarios me insultan
    Y se me quiebran los huesos
    Al oír que a cada rato me dicen:
    “¿Dónde quedó tu Dios?”

    ¿Qué te abate, alma mía,
    Por qué gimes en mí?
    Pon tu confianza en Dios
    Que aún le cantaré a mi Dios salvador.

Sal 119, 103 ¡A mi paladar son dulces tus palabras, más que la miel para mi boca!

Ez 2, 9 – 3, 3 Miré: hacia mí se tendió una mano que sostenía el rollo del libro.
Y me dijo “Hijo de hombre, come ahora y llena tu estómago con este rollo que te doy”. Lo comí pues, y en mi boca era dulce como la miel.

Sal 1, 1-2 Dichoso el hombre
Que no va a reuniones de malvados,
Ni sigue el camino de los pecadores
Ni se sienta en la junta de burlones,
Mas le agrada la Ley del Señor
Y medita su Ley de noche y día.

Deut 10, 12-13 Ahora, pues, Israel, ¿qué es lo que pide Yavé, tu Dios, sino que temas a Yavé, tu Dios, que sigas todos sus caminos y que lo ames y lo sirvas con todo tu corazón y con toda tu alma? Guarda los mandamientos de Yavé y sus leyes que hoy te ordeno para tu bien.

Jn 6, 68 Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Lc 5, 1 Cierto dia la gente se agolpaba a su alrededor para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lado de Genesaret.

Sal 23 El Señor es mi pastor: nada me falta;
En verdes pastos él me hace reposar.
A las aguas de descanso me conduce,
Y reconforta mi alma.

    Por el camino del bueno me dirige,
    Por amor de su nombre.
    Aunque pase por quebradas oscuras,
    No temo ningún mal,
    Porque tú estás conmigo
    Con tu vara y tu bastón,
    Y al verlas voy sin miedo.

    La mesa has preparado para mí
    Frente a mis adversarios,
    Con aceites perfumas mi cabeza
    Y rellenas mi copa.

    Irán conmigo la dicha y tu favor
    Mientras dure mi vida,
    Mi mansión será la casa del Señor
    Por largos, largos días.

1 Tes 1, 5-6 El Evangelio que les llevamos no se quedó sólo en palabras, sino que hubo milagros y Espíritu Santo, dejándoles plena convicción. Y tampoco han olvidado cómo nos comportamos entre ustedes para su bien. A su vez ustedes se hicieron imitadores nuestros y del mismo Señor cuando, al recibir la palabra, probaron la alegría del Espíritu Santo en medio de fuertes oposiciones.

Lc 8, 11 Aprendan lo que significa esta comparación: La semilla es la palabra de Dios.

Mc 4, 26-27 Jesús dijo además: “Escuchen esta comparación del Reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra, y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo.

Mt 13, 31-33 Jesús les propuso otra parábola: “Aquí tienen una figura del Reino de los Cielos: el grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo. Es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece, se hace más grande que las plantas de huerto. Es cómo un árbol, de modo que las aves vienen a posarse en sus ramas.
Jesús les contó otra parábola: “Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: la levadura que toma una mujer y la introduce en tres medidas de harina. Al final, toda la masa fermenta”.

Mt 4, 4 Pero Jesús le respondió: “Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Jn 6, 63 El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida.

Jn 6, 32-40 Jesús contestó: “En verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da vida al mundo”. Ellos dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”.
Jesús les dijo: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed. Sin embargo, como ya les dije, ustedes se niegan a creer aun después de haber visto. Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Sí, ésta es la decisión de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”.

SIETE IMÁGENES DE LA PALABRA

LAMPARA Y FUEGO. Sal 119, 105 Para mis pasos tu palabra es una lámpara, una luz en mi sendero. Jer 20, 9 Por eso, decidí no recordar más a Yavé, ni hablar más en su nombre, pero sentía en mí algo así como un fuego ardiente aprisionado en mis huesos, y aunque yo trataba de apagarlo, no podía.

ESPADA. Ef 6, 17b Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, la Palabra de Dios. Heb 4, 12 En efecto, la Palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, las articulaciones y los tuétanos, haciendo un descernimiento de los deseos y los pensamientos más íntimos.

MARTILLO. Jer 23, 29 ¿No es mi palabra como fuego que quema o como martillo que rompe la roca?

AGUA Y LLUVIA. Is 55, 10-11 Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y haberla hecho germinar, para que dé la simiente para sembrar y el pan para comer, así será la palabra que salga de mi boca. No volverá a mí con las manos vacías sino después de haber hecho lo que yo quería, y haber llevado a cabo lo que le encargué.

MIEL. Ez 2, 9 – 3, 3 Miré: hacia mí se tendió una mano que sostenía el rollo del libro. Y me dijo “Hijo de hombre, come ahora y llena tu estómago con este rollo que te doy”. Lo comí pues, y en mi boca era dulce como la miel. Sal 119, 103 ¡A mi paladar son dulces tus palabras, más que la miel para mi boca!

SEMILLA. Lc 8, 11 Aprendan lo que significa esta comparación: La semilla es la palabra de Dios.

ALIMENTO. Mt 4, 4 Pero Jesús le respondió: “Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

SIETE EFECTOS DE LA PALABRA

2Cor 5, 17 Toda persona que está en Cristo es una creación nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha llegado.

Gen 1, 1-13 En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra, todo era confusión y no había nada en la tierra. Las tinieblas cubrían los abismos mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas.
Dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Dios llamó a la luz “Día” y a las tinieblas “Noche”. Atardeció y amaneció: fue el día Primero.
Dijo Dios: “Haya una bóveda en medio de las aguas, para que separe unas aguas de las otras”. Hizo Dios entonces como una bóveda y separó unas aguas de las otras: las que estaban por encima del firmamento, de las que estaban por debajo de él. Y así sucedió. Dios llamó a esta bóveda “Cielo”. Y atardeció y amaneció: fue el día Segundo.
Dijo Dios: “Júntense las aguas de debajo de los cielos en un solo depósito, y aparezca el suelo seco”. Y así fue. Dios llamó al suelo seco “Tierra” y al depósito de las aguas “Mares”. Y vio Dios que esto era bueno.
Dijo Dios: “Produzca la tierra hortalizas, plantas que den semilla, y árboles frutales que por toda la tierra den fruto con su semilla dentro, cada uno según su especie”. Y así fue. La tierra produjo hortalizas, plantas que dan semillas y árboles frutales que dan fruto con su semilla dentro, cada uno según su especie. Dios vio que esto era bueno. Y atardeció y amaneció: fue el día Tercero.

Heb 4, 12-13 En efecto, la palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, las articulaciones y los tuétanos, haciendo un discernimiento de los deseos y los pensamientos más íntimos.

Gal 5, 17 Pues los deseos de la carne se oponen al espíritu y los deseos del espíritu se oponen a la carne. Los dos se contraponen, de suerte que ustedes no pueden obrar como quisieran.

Lc 2, 34 Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: “Mira, este niño traerá a la gente de Israel caída o resurrección. Será una señal de contradicción.

Mt 25, 31-46 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en el trono de gloria, que es suyo. Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y separará a unos de otros, al igual que el pastor separa las ovejas de los chivos. Colocará a las ovejas a su derecha y a los chivos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver”.
Entonces los justos dirán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? El Rey responderá: “en verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.
Dirá después a los que estén a la izquierda: ¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; era forastero y no me recibieron en su casa; estaba sin ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron”.
Estos preguntarán también: “Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no te ayudamos?” El Rey les responderá: “En verdad les digo: siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a mí”.
Y éstos irán al suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna.

1Cor 1, 21 Pues el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios cuando ponía por obra su sabiduría; entonces a Dios le pareció bien salvar a los creyentes con esta locura que predicamos.

Sab 16, 12 Su curación no se debió a hierbas o a pomadas sino a tu palabra, Señor, porque tú lo sanas todo.

Ef 1, 13 También ustedes, al escuchar la Palabra de la Verdad, el Evangelio que los salva, creyeron en él, quedando sellados con el Espíritu Santo prometido.

Hech 4, 12 No hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres ningún otro Nombre por el que debamos ser salvados.

Rom 1, 16 Como ven, no me avergüenzo del Evangelio. Es una fuerza de Dios y salvación para todos los que creen, en primer lugar para los judíos, y también para los griegos.

Mt 8, 8 El capitán contestó: “Señor, ¿quién soy yo para que entres en mi casa? Di no más una palabra y mi sirviente sanará.

Mt 2, 1-12 Jesús había nacido en Belén de Judá durante el reinado de Herodes. Unos Magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo”.
Herodes y toda Jerusalén quedaron muy alborotados al oír esto. Reunió de inmediato a los sumos sacerdotes y a los que enseñaban la Ley al pueblo, y les hizo precisar dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, pues así lo escribió el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en absoluto la más pequeña entre los pueblos de Judá, porque de ti saldrá un jefe, el que apacentará a mi pueblo, Israel”.
Entonces Herodes llamó en privado a los Magos, y les hizo precisar la fecha en que se les había aparecido la estrella. Después los envió a Belén y les dijo: “Vayan y averigüen bien todo lo que se refiere a ese niño, y apenas lo encuentren, avísenme, porque yo también iré a rendirle homenaje”.
Después de esta entrevista con el rey, los Magos se pusieron en camino; y fíjense: la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño.
¡Qué alegría más grande: habían visto otra vez la estrella! Al entrar a la casa vieron al niño con María, su madre; se arrodillaron y le adoraron. Abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra.
Luego se les avisó en sueños que no volvieran donde Herodes, así que regresaron a su país por otro camino.

Rom 10, 17 Así, pues, la fe nace de una proclamación, y lo que se proclama es el mensaje cristiano.

1Cor 1, 21 Pues el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios cuando ponía por obra su sabiduría; entonces a Dios le pareció bien salvar a los creyentes con esta locura que predicamos.

Hech 16, 14-15 Una de ellas se llamaba Lidia, y era de las que temen a Dios. Era vendedora de púrpura y natural de la ciudad de Tiatira. Mientras nos escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que aceptase las palabras de Pablo. Recibió el bautismo junto con los de su familia, y luego nos suplicó: “Si ustedes piensan que mi fe en el Señor es sincera, vengan y quédense en mi casa”. Y nos obligó a aceptar.

Mc 1, 15 Decía: “El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Renuncien a su mal camino y crean en la Buena Nueva”.

Jn 20, 31 Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Crean, y tendrán vida por su Nombre.

Lc 19, 1-10 Habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la ciudad. Había allí un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los cobradores del impuesto y muy rico. Quería ver cómo era Jesús, pero no lo conseguía en medio de tanta gente, pues era de baja estatura. Entonces se adelantó corriendo y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por allí. Cuando llegó Jesús al lugar, miró hacia arriba y le dijo: “Zaqueo, baja en seguida, pues hoy tengo que quedarme en tu casa”. Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
Entonces todos empezaron a criticar y a decir: “Se ha ido a casa de un rico que es un pecador”. Pero Zaqueo dijo resueltamente a Jesús: “Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quién le haya exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces más”. Jesús, pues, dijo con respecto a él: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también este hombre es un hijo de Abrahán. El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.

Ef 1, 13 También ustedes, al escuchar la Palabra de la Verdad, el Evangelio que los salva, creyeron en él, quedando sellados con el Espíritu Santo prometido.

Hech 1, 4-5 En una ocasión en que estaba reunido con ellos les dijo que no se alejaran de Jerusalén y que esperaran lo que el Padre había prometido. “Ya les hablé al respecto, les dijo: Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días”.

Hech 10, 44; 11, 15 Todavía estaba hablando Pedro, cuando el Espíritu Santo bajó sobre todos los que escuchaban la Palabra.
Apenas había comenzado yo a hablar, cuando el Espíritu Santo bajó sobre ellos, como había bajado al principio sobre nosotros.

Jn 7, 37-38 El último día de la fiesta, que era el más solemne, Jesús, puesto en pie, exclamó con voz potente: “El que tenga sed, que venga a mí. Pues el que cree en mí tendrá de beber. Lo dice la Escritura: De sus entrañas saldrán ríos de agua viva”.

Ef 1, 13 También ustedes, al escuchar la Palabra de la Verdad, el Evangelio que los salva, creyeron en él, quedando sellados con el Espíritu Santo prometido.

Hech 1, 4-8 En una ocasión en que estaba reunido con ellos les dijo que no se alejaran de Jerusalén y que esperaran lo que el Padre había prometido. “Ya les hablé al respecto, les dijo: Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días”.
Los que estaban presentes le preguntaron: “Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel?” Les respondió: “No les corresponde a ustedes conocer los tiempos y las etapas que solamente el Padre tenía autoridad para decidir. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo cuando venga sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra”.

Hech 2, 41 Los que acogieron la palabra de Pedro se bautizaron, y aquel día se unieron a ellos unas tres mil personas.

Jn 13, 35 En esto reconocerán todos que son mis discípulos: en que se aman unos a otros.

Hech 2, 42-47 Eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones.
Toda la gente sentía un santo temor, ya que los prodigios y señales milagrosas se multiplicaban por medio de los apóstoles. Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían, vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según las necesidades de cada uno.
Todos los días se reunían en el Templo con entusiasmo, partían el pan en sus casas y compartían la comida con alegría y con gran sencillez de corazón. Alababan a Dios y se ganaban la simpatía de todo el pueblo; y el Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se iban salvando.

Jn 5, 24 En verdad les digo: el que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque ha pasado de la muerte a la vida.

Lc 10, 25 Un maestro de la Ley, que quería ponerlo a prueba, se levantó y le dijo: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?”

Ap 21, 4 Él enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte ni lamento, ni llanto ni pena, pues todo lo anterior ha pasado.

Jn 14, 23 Jesús les respondió: “Si alguien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre lo amará. Entonces vendremos a él para poner nuestra morada en él.

Jn 6, 68-69 Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

Jn 17, 1-8 Dicho esto, Jesús elevó los ojos al cielo y exclamó: “Padre, ha llegado la hora; ¡glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te dé gloria a ti!
Tú le diste poder sobre todos los mortales y quieres que comunique la vida eterna a todos aquellos que le encomendaste. Y ésta es la vida eterna: conocerte a ti, único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesús, el Cristo.
Yo te he glorificado en la tierra y he terminado la obra que me habías encomendado. Ahora, Padre, dame junto a ti la misma Gloria que tenía a tu lado antes que comenzara el mundo.
He manifestado tu Nombre a los hombres: hablo de los que me diste, tomándolos del mundo. Eran tuyos, y tú me los diste y han guardado tu Palabra. Ahora reconocen que todo aquello que me has dado viene de ti. El mensaje que recibí se lo he entregado y ellos lo han recibido, y reconocen de verdad que yo he salido de ti y creen que tú me has enviado.

1Sam 3, 1-10 El joven Samuel servía a Yavé bajo la mirada de Helí. En ese tiempo la palabra de Yavé era muy rara y las visiones poco frecuentes.
Ese día estaba Helí acostado en su cama; sus ojos estaban tan débiles que ya no veía. Todavía no se había apagado la lámpara de Dios y Samuel estaba acostado en el santuario de Yavé, allí donde estaba el arca de Dios. Yavé lo llamó: “¡Samuel! ¡Samuel!” Respondió: “Aquí estoy”. Corrió donde Helí y le dijo: “Aquí estoy ya que me llamaste”. Helí le respondió: “Yo no te he llamado, vuelve a acostarte”. Y Samuel se fue a acostar. Yavé lo llamó de nuevo: “¡Samuel! ¡Samuel!”. Se levantó y se presentó ante Helí: “Aquí estoy, le dijo, puesto que tú me llamaste”. Helí le respondió: “Yo no te he llamado, hijo mío, vuelve a acostarte”.
Samuel no conocía todavía a Yavé: la palabra de Yavé no le había sido todavía revelada. Cuando Yavé llamó a Samuel por tercera vez, se levantó y fue a ver a Helí: “Aquí estoy, le dijo, ya que me llamaste”. Helí comprendió entonces que era Yavé quién llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: “Anda a acostarte; si te llaman, responde: ‘Habla, Yavé, que tu servidor escucha’”. Y Samuel volvió a acostarse.
Yavé entró, se detuvo y llamó igual que las veces anteriores: “¡Samuel! ¡Samuel!” Samuel respondió: “Habla, que tu servidor escucha”.

Col 3, 16 Que la palabra de Cristo habite y se sienta a gusto en ustedes. Tengan sabiduría para que puedan enseñar y aconsejar unos a otros; canten a Dios de todo corazón y con gratitud salmos, himnos y alabanzas espontáneas.

ALIANZA CON LA PALABRA

Ap 1, 3 Feliz el que lea estas palabras proféticas y felices quienes las escuchen y hagan caso de este mensaje, porque el tiempo está cerca.

(Esd 8, 1-4. 9-10) Ne 8, 1-4. 9-10 Todo el pueblo se juntó como un solo hombre en la plaza, frente a la puerta de las Aguas. Pidieron entonces al escriba Esdras que trajera el libro de la Ley de Moisés que Yavé había ordenado a Israel. El sacerdote Esdras presentó la Ley ante la asamblea, que estaba compuesta por hombres, mujeres, todos aquellos que estaban en edad de la razón. Era el primer día del séptimo mes. Estuvo leyendo el libro desde la mañana hasta el mediodía, frente a los hombres, mujeres y niños en edad de comprender que estaban reunidos en la plaza, delante de la puerta de las Aguas. Todo el pueblo prestaba mucha atención al libro de la Ley. El escriba Esdras estaba en una tarima de madera construida para esa ocasión. Matitías, Sema, Anaías, Urías, Hilquías y Maaseías estaban cerca de él a su derecha. Pedaías, Micael, Malquías, Jasum, Jasbadana, Zecarías y Mesulam estaban a su izquierda.
En esa ocasión, su excelencia Nehemías y el sacerdote escriba Esdras, junto con los levitas que instruían al pueblo, le dijeron a éste: “¡Este es un día santo para Yavé, nuestro Dios! ¡No estén tristes! ¡No lloren!” pues todo el pueblo estaba llorando mientras oía las palabras de la Ley. Le dijeron además: “¡Vayan y coman buena carne y tomen bebida agradable, pero guarden una parte para el que nada tiene preparado y llévensela, porque hoy es un día santo para nuestro Señor!”

Hech 13, 7 El gobernador Sergio Paulo, el cual era un hombre muy abierto. Este hizo llamar a Bernabé y Saulo, pues deseaba escuchar la Palabra de Dios.

Rom 10, 17 Así, pues, la fe nace de una proclamación, y lo que se proclama es el mensaje cristiano.

Lc. 1, 26-28 Al sexto mes el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María.
Llegó el ángel hasta ella y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.

Neh 8, 1-3. 9-12 Todo el pueblo se juntó como un solo hombre en la plaza, frente a la puerta de las Aguas. Pidieron entonces al escriba Esdras que trajera el libro de la Ley de Moisés que Yavé había ordenado a Israel. El sacerdote Esdras presentó la Ley ante la asamblea, que estaba compuesta por hombres, mujeres, todos aquellos que estaban en edad de la razón. Era el primer día del séptimo mes. Estuvo leyendo el libro desde la mañana hasta el mediodía, frente a los hombres, mujeres y niños en edad de comprender que estaban reunidos en la plaza, delante de la puerta de las Aguas. Todo el pueblo prestaba mucha atención al libro de la Ley.
En esa ocasión, su excelencia Nehemías y el sacerdote escriba Esdras, junto con los levitas que instruían al pueblo, le dijeron a éste: “¡Este es un día santo para Yavé, nuestro Dios! ¡No estén tristes! ¡No lloren!” pues todo el pueblo estaba llorando mientras oía las palabras de la Ley. Le dijeron además: “¡Vayan y coman buena carne y tomen bebida agradable, pero guarden una parte para el que nada tiene preparado y llévensela, porque hoy es un día santo para nuestro Señor!”
Los levitas consolaban al pueblo diciéndole: “¡Que no se oigan estos lamentos! ¡Este es un día santo, no lloren más!” Y todo el pueblo se dispersó para comer, beber, compartir y dar rienda suelta a su alegría, porque habían entendido las palabras que se les había enseñado.

Hech 15, 7 Después de una acalorada discusión, Pedro se puso en pie y dijo:
“Hermanos: ustedes saben cómo Dios intervino en medio de ustedes ya en los primeros días, cuando quiso que los paganos escucharan de mi boca el anuncio del Evangelio y abrazaran la fe.

Mc 1, 15 Decía: “El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Renuncien a su mal camino y crean en la Buena Nueva”.

Rm 1, 16 Como ven, no me avergüenzo del Evangelio. Es una fuerza de Dios y salvación para todos los que creen, en primer lugar para los judíos, y también para los griegos.

Lc 1, 45 ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!

Jn 20, 30-31 Muchas otras señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Crean y tendrán vida por su Nombre.

2Tm 3, 15 Además, desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras. Ellas te darán la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús.

Jn 5, 39 Ustedes escudriñan las Escrituras pensando que encontrarán en ellas la vida eterna, y justamente ellas dan testimonio de mí.

Hech 8, 29-39; 22, 3 El Espíritu dijo a Felipe: “Acércate a ese carro y quédate pegado a su lado”. Y mientras Felipe corría, le oía leer al profeta Isaías. Le preguntó: “¿Entiendes lo que estás leyendo?”. El etíope contestó: “¿Cómo lo voy a entender si no tengo quién me lo explique?”. En seguida invito a Felipe a que subiera y se sentara a su lado.
El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: Fue llevado como oveja al matadero, como cordero mudo ante el que lo trasquila, no abrió su boca. Fue humillado y privado de sus derechos. ¿Quién podrá hablar de su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra.
El etíope preguntó a Felipe: “Dime, por favor ¿a quién se refiere el profeta? ¿A sí mismo o a otro?”. Felipe empezó entonces a hablar y a anunciarle a Jesús, partiendo de este texto de la Escritura.
Siguiendo el camino llegaron a un lugar donde había agua. El etíope dijo: “Aquí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?” (Felipe respondió: “Puedes ser bautizado si crees con todo tu corazón”. El etíope replicó: “Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios”.)
Entonces hizo parar su carro. Bajaron ambos al agua y Felipe bautizó al eunuco. Apenas salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y el etíope no volvió a verlo, prosiguió, pues, su camino con el corazón lleno de gozo.

Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad. Teniendo a Gamaliel de maestro, fui instruido en la Ley de nuestros padres en la forma más seria, y era un fanático del servicio de dios, como ustedes ahora.

Lc 1, 1-4 Algunas personas han hecho empeño por ordenar una narración de los acontecimientos que han ocurrido entre nosotros, tal como nos han sido transmitidos por aquellos que fueron los primeros testigos y que después se hicieron servidores de la Palabra.
Después de haber investigado cuidadosamente todo desde el principio, también a mi me ha parecido bueno escribir un relato ordenado para ti, ilustre Teófilo. De este modo podrás verificar la solidez de las enseñanzas que has recibido.

Col 3, 16 Que la Palabra de Cristo habite y se sienta a gusto en ustedes. Tengan sabiduría para que puedan enseñar y aconsejar unos a otros; canten a Dios de todo corazón y con gratitud salmos, himnos y alabanzas espontáneas.

Hech 16, 25-26 Hacia media noche Pablo y Silas estaban cantando himnos a Dios, y los demás presos los escuchaban. De repente se produjo un temblor tan fuerte que se conmovieron los cimientos de la cárcel; todas las puertas se abrieron de golpe y a todos los presos se les soltaron las cadenas.

Sal 103 Bendice al Señor, alma mía,
Alabe todo mi ser su santo Nombre.
Bendice, alma mía al Señor, y no
Olvides ninguno de sus beneficios.
El perdona todas tus ofensas y te
Cura de todas tus dolencias.
El rescata tu vida de la tumba,
Te corona de amor y de ternura.
El colma de dicha tu existencia y
Como el águila se renueva tu juventud.
El Señor obra en justicia y a los
Oprimidos les da lo que es debido.
Reveló sus caminos a Moisés y
A los hijos de Israel sus proezas.
El Señor es ternura y compasión,
Lento a la cólera y lleno de amor, si se
Querella, no es para siempre, si guarda
Rencor, es sólo por un rato.
No nos trata según nuestros pecados
Ni nos paga según nuestras ofensas.
Cuanto se alzan los cielos sobre
La tierra tan alto es su amor con los que
Le temen.
Como el oriente está lejos del occidente
Así aleja de nosotros nuestras culpas.
Como la ternura de un padre con sus
Hijos es la ternura del Señor con los que le temen.
El sabe de qué fuimos formados, se
Recuerda que sólo somos polvo.
El hombre: sus días son como hierba,
Él florece como la flor del campo; un soplo
Pasa sobre él y ya no existe y nunca más se
Sabrá dónde estuvo.
Pero el amor del Señor con los que le temen
Es desde siempre y para siempre; defenderá
A los hijos de sus hijos, de aquellos que
Guardan su alianza y se acuerda de cumplir
Sus ordenanzas.
El Señor ha fijado su trono en los cielos
Y su realeza todo lo domina.
Bendigan al Señor todos sus ángeles,
Héroes poderosos, que ejecutan sus órdenes
Apenas oyen el sonido de su palabra.
Bendigan al Señor todos sus ejércitos,
Sus servidores, para hacer su voluntad.
Bendigan al Señor todas sus obras,
En todos los lugares de su dominio.
¡Bendice, alma mía, al Señor!

Prov 2, 1-5 Acoge mis palabras, hijo mío, guarda mi enseñanza, que tu oído se abra a la sabiduría, que tu corazón se doblegue a la verdad, apela a la inteligencia y déjate guiar por la razón; busca la sabiduría como el dinero, como un tesoro escondido: entonces penetrarás en el temor de Yavé y hallarás el conocimiento de Dios.

Lc 2, 51 Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles. Su madre, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón.

Deut 6, 4-9 Escucha, Israel: Yavé, nuestro Dios, es Yavé-único. Y tú amarás a Yavé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy, repíteselos a tus hijos, habla de ellos tanto en casa como cuando estés de viaje, cuando te acuestes y cuando te levantes. Grábalos en tu mano como una señal y póntelos en la frente como tu distintivo; escríbelos en los postes de tu puerta y a la entrada de tus ciudades.

Sant 1, 22-24 Pongan por obra lo que dice la Palabra y no se conformen con oírla, pues se engañarían a sí mismos. El que escucha la Palabra y no la practica es como aquel hombre que se miraba en el espejo, pero apenas se miraba, se iba y se olvidaba de cómo era.

Deut 30, 14 Todo lo contrario, mi palabra ha llegado bien cerca de ti; ya la tienes en la boca y la sabes de memoria, y sólo hace falta ponerla en práctica.

Mt 7, 24-27 Si uno escucha estas palabras mías y las pone en práctica, dirán de él: aquí tienen al hombre sabio y prudente, que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra aquella casa, pero la casa no se derrumbó, porque tenía los cimientos sobre roca.
Pero dirán del que oye estas palabras mías, y no las pone en práctica: aquí tiene a un tonto que construyó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra esa casa: la casa se derrumbo y todo fue un gran desastre.

Jn 2, 4-5 Jesús le respondió: “¿Qué quieres de mí, Mujer? Aún no ha llegado mi hora”. Pero su madre le dijo a los sirvientes: “Hagan lo que él les diga”.

2Tm 1, 6-11 Por eso te invito a que reavives el don de Dios que recibiste por la imposición de mis manos. Porque Dios no nos dio un espíritu de timidez , sino un espíritu de fortaleza, de amor y de buen juicio. No te avergüences, pues, del testimonio acerca del Señor ni de mí al verme preso. Al contrario, sufre por el Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios.
El nos ha salvado y nos ha llamado para una vocación santa, no como premio a nuestros méritos, sino gratuitamente y por iniciativa propia. Esta llamada, que nos concedió en Cristo Jesús desde la eternidad, acaba de manifestarse ahora con la aparición de Cristo Jesús, nuestro Salvador, que ha destruido la muerte y ha hecho resplandecer en su Evangelio la vida y la inmortalidad.
Este es el mensaje para el que fui hecho predicador, apóstol y maestro.

Mc 16, 15; Mt 28, 18-19 Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.
Jesús se acercó y les habló así: “Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan que todos lo pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

Mt 10, 27 Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo ustedes a la luz, y lo que les digo en privado, proclámenlo desde las azoteas.

1Cor 9,16 Pues ¿cómo podría alardear de que anuncio el Evangelio? Estoy obligado a hacerlo, y ¡pobre de mí si no proclamo el Evangelio!

Mt 2, 11 Al entrar a la casa vieron al niño con María, su madre; se arrodillaron y le adoraron. Abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra.

1Cor 1, 17-25 De todas maneras, no me envió Cristo a bautizar, sino a proclamar el Evangelio. ¡Y no con discursos sofisticados! No sea que borremos la cruz del Mesías. Bien es cierto que el lenguaje de la cruz resulta una locura para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es poder de Dios. Ya lo dijo la Escritura: Destruiré la sabiduría de los sabios y haré fracasar la pericia de los instruidos. Sabios, entendidos, teóricos de este mundo: ¡cómo quedan puestos! ¿Y la sabiduría de este mundo? Dios la dejó como loca. Pues el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios cuando ponía por obra su sabiduría; entonces a Dios le pareció bien salvar a los creyentes con esta locura que predicamos.
Mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan el saber, nosotros proclamamos a un Mesías crucificado: para los judíos ¡qué escándalo! Y para los griegos ¡qué locura! Pero para los que Dios ha llamado, judíos o griegos, este Mesías es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues las locuras de Dios tienen más sabiduría que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres.

SINAGOGA DE ISRAEL.

Is 61, 1-2 ¡El Espíritu del Señor Yavé está sobre mí! Sepan que Yavé me ha ungido. Me ha enviado con un buen mensaje para los humildes, para sanar los corazones heridos, para anunciar a los desterrados su liberación, y a los presos su vuelta a la luz.
Para publicar un año feliz lleno de los favores de Yavé, y el día del desquite de nuestro Dios. Me envió para consolar a los que lloran.

Lc 4, 18-19 El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para llevar buenas noticias a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

EUCARISTÍA DE EMAÚS

LECTURAS.
Deut 30, 11-14 Este mandamiento que yo te doy no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, para que puedas decir: “¿Quién subirá al cielo y nos lo traerá? Entonces escucharemos y lo pondremos en práctica”. Tampoco está al otro lado del mar, para que tengas que decir: “¿Quién pasará hasta el otro lado y nos lo traerá? Entonces escucharemos y lo pondremos en práctica”. Todo lo contrario, mi palabra ha llegado bien cerca de ti; ya la tienes en la boca y la sabes de memoria, y sólo hace falta ponerla en práctica.
Neh 8, 1-3. 7-11 Todo el pueblo se juntó como un solo hombre en la plaza, frente a la puerta de las Aguas. Pidieron entonces al escriba Esdras que trajera el libro de la Ley de Moisés que Yavé había ordenado a Israel. El sacerdote Esdras presentó la Ley ante la asamblea, que estaba compuesta por hombres, mujeres, todos aquellos que estaban en edad de la razón. Era el primer día del séptimo mes. Estuvo leyendo el libro desde la mañana hasta el mediodía, frente a los hombres, mujeres y niños en edad de comprender que estaban reunidos en la plaza, delante de la puerta de las Aguas. Todo el pueblo prestaba mucha atención al libro de la Ley.
Josué, Bani, Serebías, Yamín, Acub, Sabtay, Hodías, Maaseías, Quelita, Azarías, Yozabad, Janán y Pelaías, que eran levitas, explicaban la Ley al pueblo mientras éste permanecía de pie. Esdras leyó el libro de la Ley de Dios, e iba traduciendo y explicando el sentido para que comprendieran la lectura.
En esa ocasión, su excelencia Nehemías y el sacerdote escriba Esdras, junto con los levitas que instruían al pueblo, le dijeron a éste: “¡Este es un día santo para Yavé, nuestro Dios! ¡No estén tristes! ¡No lloren!” pues todo el pueblo estaba llorando mientras oía las palabras de la Ley. Le dijeron además: “¡Vayan y coman buena carne y tomen bebida agradable, pero guarden una parte para el que nada tiene preparado y llévensela, porque hoy es un día santo para nuestro Señor!”
Los levitas consolaban al pueblo diciéndole: “¡Que no se oigan estos lamentos! ¡Este es un día santo, no lloren más!”

Jer 20, 7-9 Me has seducido, Yavé, y me dejé seducir por ti. Me tomaste a la fuerza y saliste ganando. Todo el día soy el blanco de sus burlas, toda la gente se ríe de mí.
Pues me pongo a hablar, y son amenazas, no les anuncio más que violencias y saqueos. La palabra de Yavé me acarrea cada día humillaciones e insultos.
Por eso, decidí no recordar más a Yavé, ni hablar más en su nombre, pero sentía en mí algo así como un fuego ardiente aprisionado en mis huesos, y aunque yo trataba de apagarlo, no podía.

Ez 2, 8; 3, 4 Ahora, hijo de hombre, escucha lo que te voy a decir, no te rebeles como esa raza de rebeldes, sino que abre la boca y come lo que te doy.
Me dijo: “Hijo de hombre, anda a la casa de Israel y diles mis palabras.

SALMOS DESPUÉS DE CADA LECTURA
Lc 2, 51 Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles. Su madre, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón.

Jn 8, 31 Jesús decía a los judíos que habían creído en él: “Ustedes serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mi palabra.

1Tes 2, 13 De ahí que no cesamos de dar gracias a Dios porque al recibir de nosotros la enseñanza de Dios la aceptaron, no como enseñanza de hombres, sino como Palabra de Dios. Porque eso es realmente y como tal actúa en ustedes los creyentes.

Jn 1, 1-3. 14 En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba ante Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba ante Dios en el principio. Por ella se hizo todo, y nada llegó a ser sin Ella.
Y la Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su gloria: la Gloria que recibe del Padre el Hijo único; en él todo era don amoroso y verdad.

Mc 16, 15 Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación.

Mt 28, 19-20 Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.

St 1, 22-25 Pongan por obra lo que dice la Palabra y no se conformen con oírla, pues se engañarían a sí mismos. El que escucha la Palabra y no la practica es como aquel hombre que se miraba en el espejo, pero apenas se miraba, se iba y se olvidaba de cómo era. Todo lo contrario el que fija su atención en la Ley perfecta de la libertad y persevera en ella, no como oyente olvidadizo, sino como activo cumplidor; éste será dichoso al practicarla.

2Tim 3, 16-17 Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar, rebatir, corregir y guiar en el bien. Así el hombre de Dios se hace un experto y queda preparado para todo trabajo bueno.

EVANGELIO.
Lc 24, 13-35 Aquel mismo día dos discípulos se dirigían a un pueblecito llamado Emaús, que está a unos doce kilómetros de Jerusalén e iban conversando sobre todo lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos, pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
Él les dijo: “¿De qué van discutiendo por el camino?” se detuvieron y parecían muy desanimados. Uno de ellos llamado Cleofás, le contestó: “¿Cómo? ¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no está enterado de lo que ha pasado aquí estos días?” “¿Qué paso?”, les preguntó. Le contestaron: “¡Todo el asunto de Jesús Nazareno!”
Era un profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por
todo el pueblo. Pero nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. Nosotros pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel. Sea lo que sea, ya van dos días desde que sucedieron estas cosas.
En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos han inquietado, pues fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron hablando de una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron.
Entonces él les dijo: “¡Qué poco entienden ustedes y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?”. Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas.
Al llegar cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante, pero ellos le insistieron diciendo: “Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día”. Entró, pues, para quedarse con ellos.
Y mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció. Entonces se dijeron el uno al otro: “¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”.
De inmediato se levantaron y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo. Estos les dijeron: “Es verdad: el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón”. Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

BENDICIÓN.
Num 6, 24-26 ¡Yavé te bendiga y te guarde! ¡Yavé haga resplandecer su rostro sobre ti y te mire con buenos ojos! ¡Yavé vuelva hacia ti su rostro y te dé la paz!

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